La Compasión del Señor

Diácono Héctor: La compasión del Señor

¡Buenas tardes!

Antes de comenzar, demos un aplauso al Señor en acción de gracias por este día de vida, por todas las bendiciones, y por recibirnos en su casa.

La multiplicación de los cinco panes y dos peces es el único milagro de Jesus que aparece en los cuatro evangelios. Eso es significativo por que Jesus hizo muchos milagros. El milagro de la boda, la cura de los leprosos, Lazaro etc. no aparecen en los cuatro evangelios, solo el de los panes y pecados.

La iglesia nos dice que eso puede ser por que esté milagro es la anticipación de la eucaristía y el banquete final. En otras palabras de la compasión del Señor realizada en el cuerpo y sangre de Cristo Jesus. (Nota: Mateo 14:13). En el milagro de los cinco panes y dos peces experimentamos el milagro de la compasión de Señor.

Nuestro Dios, es un dios que sufre con nosotros. Un Dios de compasión. La palabra compasión procede del Latín “compati”. “Con” que significa “juntos” y “pati” “sufrir”. A través de su hijo, Jesus, nuestro Señor experimenta nuestras inquietudes y sufrimientos, incluyendo muerte. Su hijo tuvo inquietudes, sufrió y murió. Asumiendo nuestra humanidad, Cristo transformó nuestras inquietudes a tranquilidad, nuestro dolor a alegría, y nuestra muerte a resurrección.  Nuestro Dios es un dios que sufre con nosotros.

El acto de compasión del milagro de los panes y peces es mas que un evento, es una promesa permanente de compasión para todos.  Las promesas del Señor son permanentes. Pablo confirma eso cuando dice:  “nada podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesus” (Romanos 8:39). Y sus promesas son de compasión para todos. En Isaias, el Señor nos dice: “Todos ustedes que tienen sed vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice con David” (cf. Isaias 55:1,3).  Y en Apocalipsis nos dice: “Yo soy el Alpha y el Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed le daré de beber del manantial del agua de la vida, sin que le cueste nada” (21:6). El acto de compasión del milagro de los panes y peces es mas que un acto, es una promesa permanente de compasión para todos.

Finalmente, las lecturas de hoy nos dicen que aquellos que escuchan y siguen la palabra del Señor, experimentan su compasión.El profeta Isaías nos dice: “Presten atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán (Isaias 55:3). Jesus enfatizó eso cuando dijo: “Yo soy el pan de vida. El que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí, nunca tendrá sed” (Juan 6:35). Para mi eso hace mucho sentido por que la persona que escucha y sigue a Jesus: 1) Le pide a él por compasión. Ella pide: “Jesus ten compasión de mi. En ti confío. Que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.” Segundo, el que escucha y sigue la palabra del Señor, reconoce la compasión del Señor cuando la recibe o la ve. Y dice: “Este es el trabajo de mi Señor misericordioso.” Tercero, el seguidor y escuchador agradece y alaba al Señor diciendo: “Gracias Señor por tu compasión.” Y cuarto, la seguidora reciproca al Señor demostrando compasión a otros preguntándole: “Que necesitas hermano? Como puedo ayudarte? Y sufriendo con esa persona en solidaridad. Aquellos que escuchan y siguen la palabra del Señor, experimentan su compasión .

El milagro de los cinco panes y dos peces sucedió mas de 2,000 atrás. Pero no pierdan fe, por que los efectos de ese milagro siguen siendo manifestados en el sacramento de la eucaristía. También se encuentra en las acciones de caridad que demuestran que hacen con otros en imitación de Jesus. A través de su compasión, con la ayuda del Señor, sostienen los efectos del milagro de los panes y peces: convirtiendo inquietudes en tranquilidad, dolor en alegría y muerte en resurrección.

Que el Señor les de Paz y Bondad.

Jesús, Fuente de Agua Viva

3Rd Domingo de Cuaresma año A Exodus 17:3-7, Salmos 95:1-2, 6-9, Romanos 5:1-2, 5-8, Juan 4:5-42

En casa, cada vez que me quejo de no dormir bien, de tener dolor de cabeza, o no poder concentrarse, las primeras palabras de la boca de mi esposa son: “Toma un poco de agua.  Por mucho que encuentre su respuesta molesta, debo aceptar humildemente que ella tiene razón.  Cuanto más agua bebo, menos experimento esos síntomas. Lo mismo es cierto cuando no bebo de Jesús, la fuente de agua viva. Cuando mi esposa se da cuenta de que estoy teniendo un día inquieto o una mala actitud, me dice:   “¿Has visitado el Santisimo?”  “¿Has rezado? Por supuesto, mi día sombrío o pésima actitud desaparece después de adorar u orar a Dios. La lección: hidrata tu cuerpo y tu alma.

Nuestros cuerpos no pueden funcionar bien sin agua, y tampoco nuestras almas sin Jesús, la fuente de agua viva. Eso es cierto no sólo para la mujer samaritana, sino también para Jesús, porque él también es humano.  Durante las proximas tres semanas, el evangelio de Juan ilustrará a la humanidad de Jesús.  La próxima semana, Juan nos hablará de cómo Jesús usa pasta de barro para curar a un  ciego.  El domingo siguiente, escucharemos   acerca de la tristeza de Jesús por la muerte de su amigo Lázaro. [1] ‘  Hoy, oíste hablar de Jesús que vino al pozo de Jacob cansado y sediento de su viaje.  Nuestros cuerpos no pueden funcionar  bien  sin  agua.

La mujere samaritana vino al pozo en busca de agua para sostener su cuerpo humano.  El pozo le ofreció agua del suelo. En cambio, encontró un tipo diferente de agua, agua de arriba, Jesús, la fuente de agua viva. Mientras que el pozo contiene agua que satisface nuestra sed humana en este mundo. Jesús, la fuente de agua viva, es la fuente que satisface el alma en esta vida y la siguiente: “el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”[2]

La mujer samaritana tiene sed de la palabra de Dios. Ella le dijo a Jesús: “Ya sé que va a venir el  Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, el nos dara razón de todo.” [3] Sin embargo, ella no reconoce que Jesús es Cristo.  ¿Por qué? Porque además de tener sed,  ella  también  estaba dañada  por sus deficiencias en la vida. ¿Te suena familiar? Algunos de nosotros, como la mujer samaritana, estamos esperando a que Jesús venga a nuestras vidas para contarnos todo. Sin embargo, nuestra quebrantamiento impide reconocer que Jesús ya está aquí. Un teólogo dice que hay tres Jesús. El Jesús que caminó por la tierra hace 2.000 años – él que conoció a la mujer samaritana; el Jesús presente en la Eucaristía que estamos a punto de recibir; y el Jesús que camina entre nosotros en nuestra comunidad. En los tres podemos encontrarlo tratando de llamar nuestra atención. Todo lo que tenemos que hacer es como el salmo responsorial nos instruye: “Ojalá escuchen hoy su voz: “No endurezcan el corazón”. [4] En otras palabras, seamos vulnerables a la llamada de Dios. Dejar ir nuestra obsesión por controlar lo incontrolable. Confía en su voluntad para nosotros. Desafortunadamente, algunos de nosotros como los judíos en el desierto, hemos endurecido nuestros corazones al Señor. Hemos dejado de confiar en Dios. Lo hacemos porque para algunos de nosotros Dios no ha cumplido nuestras expectativas. ¿Y quién puede culparnos?  Somos humanos. Nuestro primer instinto es buscar la felicidad, la salud y la comodidad. Los judíos dejaron todo lo que tenían en Egipto. Luego, pasaron 40 años en el desierto. Yo se que algunos de ustedes pueden imaginarse lo que vivir de esa manera. Los judíos escucharon decir que son el pueblo elegido por Dios. Sin embargo ni siquiera podían encontrar agua para beber.

Hoy en día, algunos de nosotros estamos viviendo una especie de experiencia similar a los judíos. La pandemia de Coronavirus y sus efectos secundarios nos tienen discutiendo y probando al Señor, diciendo:   “¿Está o no esta el Señor en medio de nosotros?” [5] Si tu eres una de esas personas, tengo palabras de consuelo para ti.   Primero, es    razonable  sentirse enojado con Dios en tiempos difíciles. Dios puede manejarlo. Personalmente, creo que lo acoge con beneplácito. Como él dice en Apocalipsis 3:25-16:   “Ojalá fueras frío o caliente! 16 Pero como eres tibio, y no frío o caliente, te vomitaré de mi boca.”  Segundo, Dios  nos   ama a pesar de todo. Porque Dios es amor. Tercero, Dios está dispuesto a perdonarte si le pides su perdón humildemente. [6]  El Nuevo Testamento  2 Timoteo 2:13 lo describe de esta manera: “Si no somos fieles, él sigue siendo fiel, porque no puede negarse a sí mismo.”  Dios nunca nos abandona. Somos nosotros quienes lo abandonamos.  A pesar de las quejas de los judíos y de poner a prueba a Dios, él les proporcionó el agua para sobrevivir en eldesierto,  y  apesar  nuestras    deficiencias, Dios envió a Su Hijo a morir por todos nosotros para saciar nuestra sed con su palabra. Como Pablo nos dice:    “Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores[7]  Dios te está esperando para darte el mismo mensaje que dio a la mujere samaritana sobre el Mesías:  “Yo soy, el que habla contigo.”[8]

Cuando la mujer samaritana llegó al pozo de Jacob, vino en busca de agua para saciar su sed humana.  En cambio, encontró a Jesús, la fuente de agua viva. Sin vacilación bebió de esa agua. Jesús usó su fragilida y su corazón dispuesto para sanarla. Entonces, en ese momento, sucedió algo extraordinario, la mujer samaritana se convirtió en su discípulo.  Ella fue al centro para compartir las buenas noticias con otros samaritanos, y ellos también creyeron.

La  historia de la mujer samaritana es una ilustración de lo que sucede cuando mantenemos nuestros corazones para beber de Jesús, la fuente de agua viva.   [9]

Oremos:

Señor, gracias por tu amor incomprensible. Queremos beber de Jesús, la fuente de agua viva. Sin embargo, no podemos hacerlo solos porque somos débiles y pecaminosos. Envía tu Espíritu Santo para que nos guide a la fuente de Jesus. Te pedimos esto en el  nombre más sagrado de tu hijo, Jesús Cristo. Amén.


[1] http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20140629_direttorio-omiletico_en.html

[2] Ibíd: Juan 4:14

[3] Juan 4:25

[4] Cf. Salmo 95:7

[5] Exoduc 17-7

[6] 1 Juan 4:8

[7] Romanos 5:8

[8] John 4:26

[9] Juan 4:42

Que nuestra vida alimente el espíritu de luz

Homelia Quinto Domingo de Tiempo Ordinario

Lecturas: Is 58: 7-10,  Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9, 1 Co 2, 1-5

Jesús, tu moriste por nosotros pecadores porque somos hijas e hijos amados del tu Padre, nuestro Señor. Que el Espíritu Santo guie nuestros frágiles corazones y mentes para que podamos vivir lo que él deseas para nosotros: Que nuestra vida alimente el espíritu de luz.

Un viejo Cherokee estaba enseñándole a su nieto sobre la vida. “Una pelea está ocurriendo dentro de mí”, le dijo al niño. “Es una lucha terrible y es entre dos lobos. Uno es un malvado: es ira, envidia, dolor, arrepentimiento, avaricia, arrogancia, autocompasión, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego”. Continuó: “El otro es bueno: es gozo, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, benevolencia, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe. La misma pelea está sucediendo dentro de ti, y dentro de cada otra persona, también”.
El nieto lo pensó durante un minuto y luego le preguntó a su abuelo: “¿Qué lobo ganará?”
El viejo Cherokee simplemente respondió: “El que alimentas”. [1]

En nuestro corazón existe, como en la historia del indio Cherokee y su nieto, una lucha por nuestra alma excepto que en nuestra fe cristiana no son lobos sino espíritus: los espíritus de oscuridad y los de luz. Cual sobresale en nuestras vidas depende de los cuáles alimentamos. Cuando alimentamos a un espíritu de oscuridad nos alegamos de Dios y del prójimo. Si nutrimos lo espíritu de luz amamos al señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente… y a nuestro prójimo con a nosotros mismo (cf Mt 22:37-39).

Estos días es imposible escapar los efectos de las personas que alimentan a los espíritus de oscuridad. Por ejemplo, se han dado cuenta del odio que existe en nuestra política nacional. Los insultos, resentimiento, y avaricia en nombre de la agenda del partido político. Todos claman que tiene razón. Más aún, muchos justifican sus acciones en el nombre de Dios. Que político reza más y es más cristiano se ha convertido en una competencia. La oscuridad de estas operaciones políticas ha creado división en nuestra sociedad y en el mundo. Nadie es inmune de los efectos por que cada vez que vemos la televisión, escuchamos la radio, visitamos la internet entramos en un super mercado lleno de frutas de la oscuridad y muchos comemos de ellas y nos llenamos con los espíritus de la oscuridad. Una vez infectados somos como zombies que tratamos de convertir a otros. Significa eso, sin embargo, que no debemos envolvernos en la política. Claro que no. Es nuestra responsabilidad cívica tener discusiones políticas, pero no bajo el manto de la oscuridad, pero en la luz. Esta semana, el Padre Misko envió a los sacerdotes y diáconos información para ayudar ustedes a como participar en el proceso político bajo la luz. El documento se llama: Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles.[2] La iglesia no favorece a ningún partido o político. La iglesia patrocina a Jesucristo, quien es la fuente de nuestra luz, quien nos digo en el evangelio de Juan:
“Anden pues, mientras tiene esta luz, para que no les sorprenda la oscuridad; porque el que anda en la oscuridad, no sabe por dónde va” (Jn 12:35).

Quizás ustedes se preguntarán: ¿cómo sabemos si estamos alimentando la oscuridad?” Según el apóstol Pablo en Efesios: por las frutas que producen:
7 “Por tanto, no sean partícipes con ellos; 8 porque antes ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; anden como hijos de luz. 9 Porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad” (Ef 5:7-9). Es por los frutos que sabemos si los espíritus que alimentamos son de oscuridad. Tome un inventario de sus relaciones con su Dios, su familia, amigos, vecinos etc. ¿Están construidas en bonda, justicia y verdad o en ira, injusticia o mentira?

La primera lectura nos educa en como nuestra vida alimenta los espíritus de Luz. El profeta Isaías nos dice que cuando ayudamos al hambriento, al pobre, al desnudo y no rechazamos a nuestro hermano nuestra luz surge como la aurora (cf. Is 5:8). Unos meses atrás, una conocida, llamémosla María, me pedio que le llevara comunión y rezara el rosario con una amiga de ella que estaba muy decaída. Su amiga era una madre soltera, sin recursos financieros, y sin familiares en Texas. Durante varias semanas yo fui testigo de la luz de María. Ella hizo gestiones para conseguirle vivienda a su amiga, apoyo para su hija adolescente, y unirla con sus parientes. Las acciones de María brillaban como la aurora que cicatriza heridas (cf. Is 5:8). Desafortunadamente la amiga falleció unas semanas más tarde. Sin embargo, antes de morir, gracias al don de luz que María vive, Dios reunió a su amiga e hija con sus familiares.

Un día le pregunte a María: ¿porque usted hace todo esto por su amiga? Ella me contesto, “Años atrás, yo estuve en una situación similar a ella y el Señor Dios y muchas personas me ayudaron a mí. Por eso yo la ayudo a ella.” Las palabras de María son testimonio de la declaración de Jesús que nosotros somos la luz del mundo (cf. Mateo 5:14). Cuando nuestra vida alimenta a espíritus de luz, nosotros actuamos con compasión glorificamos al Padre. Como nos dice Jesús en el evangelio de Mateo:
“Vayan y aprendan el significado de estas palabras: “Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios” (Mateo 9:13).

María es un ejemplo de lo que sucede cuando nuestra vida alimenta a los espíritus de luz. Y yo he visto como ella los alimenta, con los sacramentos de la eucaristía y reconciliación, oración y actos de caridad.

Pero aquí está la cosa. María no es perfecta. María es una pecadora como nosotros. Estoy seguro de que hay días, quizás meses o años en todos nosotros que es difícil vivir en la luz. Quizás perdimos la fe porque pedimos un milagro y no ocurrió o quizás nos enojamos con alguien por una injusticia que nos hicieron o la vida nos presenta muchos retos. Lo importante es reconocer tres puntos: primero que eso es normal. En nuestro corazón existen espíritus de oscuridad que buscan alegarnos de Dios y espíritus de luz que nos acercan a Dios. Lo segundo es que, Dios usa la iglesia, los sacramentos, y la comunidad cristiana para ayudarnos a renueva nuestra luz. Y tercero para que nuestras vidas alimenten al espíritu de luz no tenemos que hacer actos heroicos. Toma tiempo con tus seres queridos, recen juntos, sonríe más a menudo, pon tu teléfono fuera de la vista cuanto una persona quiere hablar contigo, apaga el televisor durante la cena etc. Al final de cuenta, son las cosas simples la cual tendrán el mayor impacto en como nuestras vidas alimentan el espíritu de luz.

Oremos:
Señor, gracias por tu amor incomprensible. Nosotros queremos ser
la luz del mundo. Sin embargo, no lo podemos hacer solos por somos débiles y pecadores. Enviar Tu Espíritu Santo para que nos de sabiduría y fortaleza. Que nuestras oraciones de alabanza y pedido suban a ti como incensio. Que el cuerpo y la sangre de tu hijo que vamos a recibir remueva el manto sobre nuestra luz para así vivir en comunión con la Santa Trinidad: Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Amen.

[1] https://www.firstpeople.us/FP-Html-Legends/TwoWolves-Cherokee.html

[2] http://usccb.org/issues-and-action/faithful-citizenship/upload/spanish-faithful-citizenship.pdf

In The Power of The Spirit

English ( Para Español haga clic aqui. )

 

The life Jesus was not directed by his own accord but by the Holy Spirit. Through the Holy Spirit, Jesus brought hope to the poor, freedom to the captive and the oppressed, and healing to the wounded (cf. Luke 4:18-19). His ministry manifested God’s love and mercy.  In other words, redemption for all of us.

Through the sacrament of baptism, we receive the Holy Spirit. When we allow the Holy Spirit to direct our lives we imitate Jesus we building up the kingdom of God.

 

Español.

La vida de Jesús no fue dirigida por su propia voluntad, sino por el Espíritu Santo. A través del Espíritu Santo, Jesús trajo esperanza a los pobres, libertad a los cautivos y oprimidos, y curación de los heridos (Lucas 4: 18-19). Su ministerio se manifiesta el amor y la misericordia de Dios. En otras palabras, la redención para todos nosotros.

A través del sacramento del bautismo, recibimos el Espíritu Santo. Cuando permitimos que el Espíritu Santo dirija nuestras vidas nosotros imitamos a Jesús erigiendo el reino de Dios.