Jesús, Fuente de Agua Viva

3Rd Domingo de Cuaresma año A Exodus 17:3-7, Salmos 95:1-2, 6-9, Romanos 5:1-2, 5-8, Juan 4:5-42

En casa, cada vez que me quejo de no dormir bien, de tener dolor de cabeza, o no poder concentrarse, las primeras palabras de la boca de mi esposa son: “Toma un poco de agua.  Por mucho que encuentre su respuesta molesta, debo aceptar humildemente que ella tiene razón.  Cuanto más agua bebo, menos experimento esos síntomas. Lo mismo es cierto cuando no bebo de Jesús, la fuente de agua viva. Cuando mi esposa se da cuenta de que estoy teniendo un día inquieto o una mala actitud, me dice:   “¿Has visitado el Santisimo?”  “¿Has rezado? Por supuesto, mi día sombrío o pésima actitud desaparece después de adorar u orar a Dios. La lección: hidrata tu cuerpo y tu alma.

Nuestros cuerpos no pueden funcionar bien sin agua, y tampoco nuestras almas sin Jesús, la fuente de agua viva. Eso es cierto no sólo para la mujer samaritana, sino también para Jesús, porque él también es humano.  Durante las proximas tres semanas, el evangelio de Juan ilustrará a la humanidad de Jesús.  La próxima semana, Juan nos hablará de cómo Jesús usa pasta de barro para curar a un  ciego.  El domingo siguiente, escucharemos   acerca de la tristeza de Jesús por la muerte de su amigo Lázaro. [1] ‘  Hoy, oíste hablar de Jesús que vino al pozo de Jacob cansado y sediento de su viaje.  Nuestros cuerpos no pueden funcionar  bien  sin  agua.

La mujere samaritana vino al pozo en busca de agua para sostener su cuerpo humano.  El pozo le ofreció agua del suelo. En cambio, encontró un tipo diferente de agua, agua de arriba, Jesús, la fuente de agua viva. Mientras que el pozo contiene agua que satisface nuestra sed humana en este mundo. Jesús, la fuente de agua viva, es la fuente que satisface el alma en esta vida y la siguiente: “el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”[2]

La mujer samaritana tiene sed de la palabra de Dios. Ella le dijo a Jesús: “Ya sé que va a venir el  Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, el nos dara razón de todo.” [3] Sin embargo, ella no reconoce que Jesús es Cristo.  ¿Por qué? Porque además de tener sed,  ella  también  estaba dañada  por sus deficiencias en la vida. ¿Te suena familiar? Algunos de nosotros, como la mujer samaritana, estamos esperando a que Jesús venga a nuestras vidas para contarnos todo. Sin embargo, nuestra quebrantamiento impide reconocer que Jesús ya está aquí. Un teólogo dice que hay tres Jesús. El Jesús que caminó por la tierra hace 2.000 años – él que conoció a la mujer samaritana; el Jesús presente en la Eucaristía que estamos a punto de recibir; y el Jesús que camina entre nosotros en nuestra comunidad. En los tres podemos encontrarlo tratando de llamar nuestra atención. Todo lo que tenemos que hacer es como el salmo responsorial nos instruye: “Ojalá escuchen hoy su voz: “No endurezcan el corazón”. [4] En otras palabras, seamos vulnerables a la llamada de Dios. Dejar ir nuestra obsesión por controlar lo incontrolable. Confía en su voluntad para nosotros. Desafortunadamente, algunos de nosotros como los judíos en el desierto, hemos endurecido nuestros corazones al Señor. Hemos dejado de confiar en Dios. Lo hacemos porque para algunos de nosotros Dios no ha cumplido nuestras expectativas. ¿Y quién puede culparnos?  Somos humanos. Nuestro primer instinto es buscar la felicidad, la salud y la comodidad. Los judíos dejaron todo lo que tenían en Egipto. Luego, pasaron 40 años en el desierto. Yo se que algunos de ustedes pueden imaginarse lo que vivir de esa manera. Los judíos escucharon decir que son el pueblo elegido por Dios. Sin embargo ni siquiera podían encontrar agua para beber.

Hoy en día, algunos de nosotros estamos viviendo una especie de experiencia similar a los judíos. La pandemia de Coronavirus y sus efectos secundarios nos tienen discutiendo y probando al Señor, diciendo:   “¿Está o no esta el Señor en medio de nosotros?” [5] Si tu eres una de esas personas, tengo palabras de consuelo para ti.   Primero, es    razonable  sentirse enojado con Dios en tiempos difíciles. Dios puede manejarlo. Personalmente, creo que lo acoge con beneplácito. Como él dice en Apocalipsis 3:25-16:   “Ojalá fueras frío o caliente! 16 Pero como eres tibio, y no frío o caliente, te vomitaré de mi boca.”  Segundo, Dios  nos   ama a pesar de todo. Porque Dios es amor. Tercero, Dios está dispuesto a perdonarte si le pides su perdón humildemente. [6]  El Nuevo Testamento  2 Timoteo 2:13 lo describe de esta manera: “Si no somos fieles, él sigue siendo fiel, porque no puede negarse a sí mismo.”  Dios nunca nos abandona. Somos nosotros quienes lo abandonamos.  A pesar de las quejas de los judíos y de poner a prueba a Dios, él les proporcionó el agua para sobrevivir en eldesierto,  y  apesar  nuestras    deficiencias, Dios envió a Su Hijo a morir por todos nosotros para saciar nuestra sed con su palabra. Como Pablo nos dice:    “Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores[7]  Dios te está esperando para darte el mismo mensaje que dio a la mujere samaritana sobre el Mesías:  “Yo soy, el que habla contigo.”[8]

Cuando la mujer samaritana llegó al pozo de Jacob, vino en busca de agua para saciar su sed humana.  En cambio, encontró a Jesús, la fuente de agua viva. Sin vacilación bebió de esa agua. Jesús usó su fragilida y su corazón dispuesto para sanarla. Entonces, en ese momento, sucedió algo extraordinario, la mujer samaritana se convirtió en su discípulo.  Ella fue al centro para compartir las buenas noticias con otros samaritanos, y ellos también creyeron.

La  historia de la mujer samaritana es una ilustración de lo que sucede cuando mantenemos nuestros corazones para beber de Jesús, la fuente de agua viva.   [9]

Oremos:

Señor, gracias por tu amor incomprensible. Queremos beber de Jesús, la fuente de agua viva. Sin embargo, no podemos hacerlo solos porque somos débiles y pecaminosos. Envía tu Espíritu Santo para que nos guide a la fuente de Jesus. Te pedimos esto en el  nombre más sagrado de tu hijo, Jesús Cristo. Amén.


[1] http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20140629_direttorio-omiletico_en.html

[2] Ibíd: Juan 4:14

[3] Juan 4:25

[4] Cf. Salmo 95:7

[5] Exoduc 17-7

[6] 1 Juan 4:8

[7] Romanos 5:8

[8] John 4:26

[9] Juan 4:42

Que nuestra vida alimente el espíritu de luz

Homelia Quinto Domingo de Tiempo Ordinario

Lecturas: Is 58: 7-10,  Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9, 1 Co 2, 1-5

Jesús, tu moriste por nosotros pecadores porque somos hijas e hijos amados del tu Padre, nuestro Señor. Que el Espíritu Santo guie nuestros frágiles corazones y mentes para que podamos vivir lo que él deseas para nosotros: Que nuestra vida alimente el espíritu de luz.

Un viejo Cherokee estaba enseñándole a su nieto sobre la vida. “Una pelea está ocurriendo dentro de mí”, le dijo al niño. “Es una lucha terrible y es entre dos lobos. Uno es un malvado: es ira, envidia, dolor, arrepentimiento, avaricia, arrogancia, autocompasión, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego”. Continuó: “El otro es bueno: es gozo, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, benevolencia, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe. La misma pelea está sucediendo dentro de ti, y dentro de cada otra persona, también”.
El nieto lo pensó durante un minuto y luego le preguntó a su abuelo: “¿Qué lobo ganará?”
El viejo Cherokee simplemente respondió: “El que alimentas”. [1]

En nuestro corazón existe, como en la historia del indio Cherokee y su nieto, una lucha por nuestra alma excepto que en nuestra fe cristiana no son lobos sino espíritus: los espíritus de oscuridad y los de luz. Cual sobresale en nuestras vidas depende de los cuáles alimentamos. Cuando alimentamos a un espíritu de oscuridad nos alegamos de Dios y del prójimo. Si nutrimos lo espíritu de luz amamos al señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente… y a nuestro prójimo con a nosotros mismo (cf Mt 22:37-39).

Estos días es imposible escapar los efectos de las personas que alimentan a los espíritus de oscuridad. Por ejemplo, se han dado cuenta del odio que existe en nuestra política nacional. Los insultos, resentimiento, y avaricia en nombre de la agenda del partido político. Todos claman que tiene razón. Más aún, muchos justifican sus acciones en el nombre de Dios. Que político reza más y es más cristiano se ha convertido en una competencia. La oscuridad de estas operaciones políticas ha creado división en nuestra sociedad y en el mundo. Nadie es inmune de los efectos por que cada vez que vemos la televisión, escuchamos la radio, visitamos la internet entramos en un super mercado lleno de frutas de la oscuridad y muchos comemos de ellas y nos llenamos con los espíritus de la oscuridad. Una vez infectados somos como zombies que tratamos de convertir a otros. Significa eso, sin embargo, que no debemos envolvernos en la política. Claro que no. Es nuestra responsabilidad cívica tener discusiones políticas, pero no bajo el manto de la oscuridad, pero en la luz. Esta semana, el Padre Misko envió a los sacerdotes y diáconos información para ayudar ustedes a como participar en el proceso político bajo la luz. El documento se llama: Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles.[2] La iglesia no favorece a ningún partido o político. La iglesia patrocina a Jesucristo, quien es la fuente de nuestra luz, quien nos digo en el evangelio de Juan:
“Anden pues, mientras tiene esta luz, para que no les sorprenda la oscuridad; porque el que anda en la oscuridad, no sabe por dónde va” (Jn 12:35).

Quizás ustedes se preguntarán: ¿cómo sabemos si estamos alimentando la oscuridad?” Según el apóstol Pablo en Efesios: por las frutas que producen:
7 “Por tanto, no sean partícipes con ellos; 8 porque antes ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; anden como hijos de luz. 9 Porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad” (Ef 5:7-9). Es por los frutos que sabemos si los espíritus que alimentamos son de oscuridad. Tome un inventario de sus relaciones con su Dios, su familia, amigos, vecinos etc. ¿Están construidas en bonda, justicia y verdad o en ira, injusticia o mentira?

La primera lectura nos educa en como nuestra vida alimenta los espíritus de Luz. El profeta Isaías nos dice que cuando ayudamos al hambriento, al pobre, al desnudo y no rechazamos a nuestro hermano nuestra luz surge como la aurora (cf. Is 5:8). Unos meses atrás, una conocida, llamémosla María, me pedio que le llevara comunión y rezara el rosario con una amiga de ella que estaba muy decaída. Su amiga era una madre soltera, sin recursos financieros, y sin familiares en Texas. Durante varias semanas yo fui testigo de la luz de María. Ella hizo gestiones para conseguirle vivienda a su amiga, apoyo para su hija adolescente, y unirla con sus parientes. Las acciones de María brillaban como la aurora que cicatriza heridas (cf. Is 5:8). Desafortunadamente la amiga falleció unas semanas más tarde. Sin embargo, antes de morir, gracias al don de luz que María vive, Dios reunió a su amiga e hija con sus familiares.

Un día le pregunte a María: ¿porque usted hace todo esto por su amiga? Ella me contesto, “Años atrás, yo estuve en una situación similar a ella y el Señor Dios y muchas personas me ayudaron a mí. Por eso yo la ayudo a ella.” Las palabras de María son testimonio de la declaración de Jesús que nosotros somos la luz del mundo (cf. Mateo 5:14). Cuando nuestra vida alimenta a espíritus de luz, nosotros actuamos con compasión glorificamos al Padre. Como nos dice Jesús en el evangelio de Mateo:
“Vayan y aprendan el significado de estas palabras: “Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios” (Mateo 9:13).

María es un ejemplo de lo que sucede cuando nuestra vida alimenta a los espíritus de luz. Y yo he visto como ella los alimenta, con los sacramentos de la eucaristía y reconciliación, oración y actos de caridad.

Pero aquí está la cosa. María no es perfecta. María es una pecadora como nosotros. Estoy seguro de que hay días, quizás meses o años en todos nosotros que es difícil vivir en la luz. Quizás perdimos la fe porque pedimos un milagro y no ocurrió o quizás nos enojamos con alguien por una injusticia que nos hicieron o la vida nos presenta muchos retos. Lo importante es reconocer tres puntos: primero que eso es normal. En nuestro corazón existen espíritus de oscuridad que buscan alegarnos de Dios y espíritus de luz que nos acercan a Dios. Lo segundo es que, Dios usa la iglesia, los sacramentos, y la comunidad cristiana para ayudarnos a renueva nuestra luz. Y tercero para que nuestras vidas alimenten al espíritu de luz no tenemos que hacer actos heroicos. Toma tiempo con tus seres queridos, recen juntos, sonríe más a menudo, pon tu teléfono fuera de la vista cuanto una persona quiere hablar contigo, apaga el televisor durante la cena etc. Al final de cuenta, son las cosas simples la cual tendrán el mayor impacto en como nuestras vidas alimentan el espíritu de luz.

Oremos:
Señor, gracias por tu amor incomprensible. Nosotros queremos ser
la luz del mundo. Sin embargo, no lo podemos hacer solos por somos débiles y pecadores. Enviar Tu Espíritu Santo para que nos de sabiduría y fortaleza. Que nuestras oraciones de alabanza y pedido suban a ti como incensio. Que el cuerpo y la sangre de tu hijo que vamos a recibir remueva el manto sobre nuestra luz para así vivir en comunión con la Santa Trinidad: Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Amen.

[1] https://www.firstpeople.us/FP-Html-Legends/TwoWolves-Cherokee.html

[2] http://usccb.org/issues-and-action/faithful-citizenship/upload/spanish-faithful-citizenship.pdf

Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo (Actualizado)

(Homilía 11/24/2019)

El trono de Jesús es la silla de nuestra vida, fe y salvación.

En preparación para mi homilía he estado pensando mucho en sillas y su significado en mi vida personal y espiritual.

Una silla puede ser cualquier superficie en la cual uno se puede sentar. Estas pueden estar hecha de cualquier material: madera, hierro, aluminio etc. Lo que hace a una silla especial es lo que simboliza y quien la usa. Por ejemplo, en la cocina del hogar de mis padres, hay una silla en la cual solo una persona puede sentarse cuando la familia cena junta, la silla de mi papá. La silla es su trono y simboliza la autoridad de él cómo el rey de la casa.

En nuestra fe católica, sillas y lo que representan tienen mucho significado. Por ejemplo, la Catedral de Santa María en el centro de Austin, es la silla del Obispo Vásquez. La palabra catedral significa silla en latín. La silla del obispo representa su autoridad como el pastor spiritual de la diócesis de Austin. Ningún otro presbítero puede sentarse en ella. Es desde esa silla, su trono, que el Obispo celebra la Misa y ordena a sacerdotes y diáconos.

En el Vaticano la silla del Papa reside en la Basílica de San Pedro. Esa silla es el símbolo de la misión especial de Pedro, y sus sucesores, de cuidar su rebaño, manteniéndolo unido en fe y caridad.[1] Es desde esa silla que el Papa declara testimonios dogmáticos en nombre de la Iglesia universal al mundo entero. De cierta manara el Papa actúa como un rey desde su silla.

Para algunos de nosotros es difícil entender el concepto de rey porque nuestro sistema político no permite reyes. Nuestra nación americana fue fundada en esa noción.

Un rey es una persona soberana o un monarca que hereda su título por vida. El rey es la autoridad suprema de una nación y su gente. Esta definición es significativa en este día en que celebramos la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo, el ungido hijo de Dios, rey de nuestras vidas; quién está sentado a la diestra del Padre;[2] y es descendiente del Rey David.[3]

Jesús al igual que mi papá, el obispo y el Papa tiene su silla. Su trono, sin embargo, aunque fue hecha en este mundo, tiene autoridad divina: la autoridad de Dios; y es desde su silla que Jesús imparte con autoridad suprema las enseñas y mandatos sobre las naciones y su gente.

¿Pero dónde está la silla del Señor Jesucristo Rey del Universo? La silla está al frente de nosotros. La silla es la cruz. En ésta Pilato lo designó como Rey de los Judíos o dicho de otra manera como el Rey del Universo. Y es desde este trono, la cruz, que Jesús nos enseña del perdón y la redención. Y en caso del Padre Jesse y yo… de cómo comportarnos con su gente, ustedes.

Con respecto al perdón, el Rey del Universo, tal como lo hizo en el desierto, resistió triunfantemente las tentaciones del diablo en su silla de la cruz. Él permitió que otros lo maltrataran y se burlaran del él. En lugar de salvarse así mismo, Jesús, nuestro Rey, decidió dar la vida por nosotros y le pidió a su Papá: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.[4]

Con respecto a la redención, el Rey del Universo, ignoró su dolor para consolar al malhechor crucificado a su lado. El criminal le pidió que se acordara de él cuando llegara al Paraíso. Con misericordia, Jesús le respondió: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”.[5]

[Jesús está en su silla con los brazos abierto invitándonos a que vengamos a él y descansemos nuestra cabeza en su pecho como lo hizo el apóstol Juan. Nosotros sin embargo resistimos esa invitación. A veces por que no la escuchamos debido al ruido de este mundo: la tele, la red social, nuestras vidas ocupadas. A veces no nos acercamos a la cruz por que estamos enojados con Jesús. En fue mi caso. Por muchos años después que yo llegué a los Estados Unidos, yo estuve enojado con él, porque pensé que él me había abandonado. En lugar de acercarme a él, yo lo rechazaba. O, yo iba and la misa y rezaba, pero lo hacía como actos de habito y no de amor.  Jesús, sin embargo, nunca se da por vencido; somos nosotros lo que nos damos por vencido. El siguió persiguiéndome y aquí cerquita en el parque Wooten finalmente lo escuché. Un día, alrededor de este tiempo, yo estaba con mi hijo en el parque, cuando un perro juguetón empezó a perseguirlo. Yo sabía que el perro no le iba hacer daño, pero mi hijo estaba en pánico y se alegó de mí corriendo. Yo le gritaba que viniera hacia mí, pero él no me prestaba atención. Finalmente, los dos nos juntamos y yo le dije: “Hijo cuanto tengas problemas no corras de mí, per ven a mí.” Fue en ese momento que yo me vi como mi hijo al frente de Jesús. Él me decía con amor: “Cuando tengas problemas, hijo, no corras de mí, pero ven a mí.”

Este domingo es el último del tiempo ordinario. El jueves celebraremos el Día de Acción de Gracias. El próximo Domingo empieza el Adviento. Estos días nos dan la oportunidad de dar gracias a Dios por todas las bendiciones que hemos recibido. Tiempo para reflexionar que tan bien estamos preparándonos espiritualmente para recibir al Señor Jesucristo en el momento menos esperado. Es un tiempo de preparación en nuestro corazón para recibir a niño Jesús; quién asumió su asiento como rey en la cruz por nuestra salvación.

Razonablemente, entonces es un signo de alabanza y adoración, bajar nuestras cabezas cuando nos encontramos al frente de la cruz o en la presencia de la Eucaristía.  Tal gesto es el reconocimiento de que cuando celebramos como familia la cena de la eucaristía o nos juntamos como comunidad, estamos en presencia del Señor Jesucristo, Rey del Universo. El compró con su sangre su trono donde es visible su autoridad; la silla de nuestra vida, fe y salvación.

[1] http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/en/angelus/2012/documents/hf_ben-xvi_ang_20120219.html

[2] Cf. Hechos 7:55-56

[3] Cf. 2 Timoteo 2:8

[4] Lucas 23:34

[5] Lucas 23:43

 

Un Mundo Nuevo

Imaginasen por un momento un mundo donde todo es nuevo. Que magnifico, ¿no? Ese es el mundo que el Señor nos promete en la segunda lectura. Cuando nos dice: “Ahora yo voy a hacer nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21: 5ª).

¿A qué se refiere el Señor? ¿A cosas nuevas como un vehículo, nuestra casa etc.? Quizás, pero es más apropiado pensar que él se refiere a un mundo puro y perfecto; lleno de vida divina, donde encontramos paz y amor, curación, perdón, olvido, y alegría.

Las lecturas de hoy nos dan tres ejemplos de esa promesa: Primero, Dios envió a su hijo Jesús para que renovara la unión con sus hijos e hijas que Adam y Eva rompieron. La resurrección de Jesús sella la nueva unión con el Padre, la cual el espíritu santo continua.  Segundo, la promesa de Dios se llevó acabo en la persona de Pablo. Su encuentro con Jesús convirtió a Pablo en una nueva persona que dejo de perseguir a los creyentes de Jesús y empezó a propagar el mensaje de Dios. Y tercero, en el evangelio escuchamos como Jesús hizo nuevo el mandamiento que Dios le dio a Moisés para los israelitas en el libro de Levíticos: “ama a tu prójimo como a ti mismo.” (Lev 19:18). Jesús convierte nuevo el mandamiento cuando declara: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos” (Jn 13:34-35).

Pero ¿qué significa para nosotros que Dios va a hacer nueva todas las cosas? A continuación, hay tres puntos que presentan el significado.  Primero, la promesa de la resurrección de Jesús está disponible para nosotros. Segundo, nosotros como Pablo podemos recibir el mismo don de misericordia que él recibió si tenemos un encuentro personal con Jesús. Y tercero, si nosotros obedecemos el nuevo mandamiento de Jesús podemos convertimos en nuevos discípulos.

La próxima pregunta entonces es: ¿Cómo Dios puede hacernos nuevo? Un modo que Dios usa para hacernos nuevos es los sacramentos. A través de los sacramentos Dios nos hace nuevos cuando nos libra del pecado original a través del bautismo. Él nos hace nuevo cuando comemos y bebemos el pan y vino de vida de la eucaristía. Dios nos hace nuevo cuando recibimos el espíritu santo durante la confirmación. Él nos hace nuevo cuando confesamos y nos arrepentimos de nuestros pecados.  Dios nos hace nuevo cuando nos unimos como esposa y esposo en vida matrimonial. Él nos hace nuevos cuando nos alienta y nos prepara con el aceite de la unción en momentos de enfermedad. Finalmente, Dios nos hace nuevo cuando ordena a diáconos y sacerdotes.

Hermanos y hermanas, Dios nos ha hecho una promesa que el hará nueva todas las cosas. Dios no hace promesas en vano. Cuando él dice que él va a hacer nueva todas las cosas, creámosle y hagamos todo lo posible de nuestra parte para recibir la promesa que él nos dio.

Amen.

Homilia 19.5.2019